Programación del riego

Un aspecto que siempre nos preocupa en el diseño y el mantenimiento de los jardines es cuándo y cuánto regar.

En estos momentos donde el agua es un bien escaso es aún más importante acertar en la cantidad y en el momento adecuado de río.

El método tradicional para programar los riegos consistía en el seguimiento de la humedad del suelo. Actualmente hemos visto que esto no es suficiente y se ha evolucionado a una relación suelo agua planta de un modo más dinámico. 

Sin embargo esto no es suficiente puesto que debemos considerar el entorno ambiental. El siguiente paso es pasar a un conjunto suelo planta clima.

La disponibilidad del agua para la planta debe estar en un rango de contenido de agua del suelo alejado del punto de marchitez ya que en ese punto las plantas sufren estrés hídrico lo cual afecta a su crecimiento y floración.

Un concepto más avanzado es el umbral de humedad del suelo. Este es el punto por encima del cual no hay estrés hídrico para la vegetación mientras que por debajo del umbral de humedad del suelo disminuyen el crecimiento y la floración de las plantas de nuestro jardín.

Cuándo se da el estrés hídrico se reduce la transpiración y por tanto la fotosíntesis. Este umbral es el déficit de humedad admisible y es el parámetro que determinará la cantidad y el momento del riego.

El suelo puede retener como mucho una determinada cantidad de agua. Si sobrepasamos esa cantidad habrá que drenar mientras que si no se alcanza habrá que regar.

Para establecer el momento idóneo del riego y la dosis óptima debemos controlar el agua existente en el nivel radicular sin permitir que el contenido de agua desciende por debajo del límite mínimo.

De forma profesional sé emplean varios métodos para programar los riegos. Podemos destacar tres métodos: el método del balance de agua en el suelo, el método basado en parámetros del suelo y el método basado en parámetros de la planta.

 

El método del balance del agua en el suelo

La expresión para aplicar el método del balance de agua en el suelo es:

para aplicar esta fórmula es preciso tener conocimientos previos. La primera pregunta es ¿cuáles son los conceptos para entender los valores del agua del suelo?

Veamos algunos conceptos fundamentales

La capacidad de campo de un suelo

La capacidad de campo de un suelo representa el contenido de humedad que se alcanza cuando una vez humedecido se deja drenar libremente por gravedad durante uno o varios días.

Este concepto se cumple mejor en los suelos de textura gruesa ya que la gran mayoría de suelos no drenan hasta que tienen retenida una determinada cantidad de agua que mantienen durante mucho tiempo.

Cómo se mide la capacidad de campo

Hay varias fórmulas no obstante recomendamos las dos siguientes:

Una vez saturado el suelo de agua se cubre con una lámina de plástico para evitar la evaporación y al cabo de un determinado tiempo se toma una muestra en la que se determina el contenido de humedad y este se adopta como capacidad de campo.

El tiempo recomendado para tomar la muestra es de un día para textura gruesa dos para textura media y hasta 4 para textura fina.

La segunda forma de medir la capacidad de campo sería mediante un tensiómetro. En la mayoría de suelos obtendremos 0,3 atmósferas para suelos con textura fina y 0,1 atmósfera para suelos contextura gruesa.

El punto de marchitez de un suelo

Se llama punto de marchitez permanente de un suelo al contenido de humedad bajo el cual se marchita una planta en fase de crecimiento.

Este parámetro depende tanto del suelo como de otros factores como la evaporación. Esto implica que si las exigencias atmosféricas son más elevadas puede marchitarse temporalmente con un contenido en agua superior al punto de marchitez.

El agua útil

El concepto de agua útil es la diferencia entre el contenido de humedad a la capacidad de campo y el contenido de humedad en el punto de marchitez.

Déficit de humedad de campo

El déficit de humedad de campo consiste en la diferencia entre el contenido de humedad a la capacidad de campo y el contenido real de la humedad en el suelo.

Déficit de humedad admisible

El déficit de humedad admisible es la máxima disminución de la humedad permitida por debajo de la capacidad de campo.

Una vez vistos estos conceptos podemos responder la segunda gran pregunta

¿Cuándo regamos el jardín?

Debemos regar para igualar el déficit de humedad de campo con el déficit de humedad admisible. En este punto debemos considerar todas las pérdidas por riego, escorrentía, evaporación,… Por todo lo expuesto, cuando el déficit de humedad admisible sea superior al déficit de humedad de campo no será necesario regar.

Otros parámetros importantes para programar cuándo y cuánto regar nuestros jardines.

La evapotranspiración

La evapotranspiración equivale al consumo neto de agua por la planta.

Se denomina así al conjunto de procesos de evaporación de agua desde el suelo y la evaporación de agua a través de la planta, casi toda a través de las hojas.

La evapotranspiración depende de parámetros climáticos y de la disponibilidad de agua en el suelo del jardín.

Precipitación efectiva

La precipitación efectiva aplicada al riego del jardín es la parte de la lluvia caída que se almacena en el volumen de suelo ocupado por el sistema radicular y queda disponible para la evapotranspiración.

El ascenso capilar

Este concepto consiste en el aporte del agua del subsuelo cuando el nivel freático es alto. Es un parámetro difícil de evaluar ya que está afectado por otros factores como la textura del suelo, la profundidad del nivel freático y la cantidad del mismo, y la cantidad de raíces en el suelo.

Disminución máxima del agua útil

Nuestro jardín requiere una cantidad de agua para alcanzar su esplendor. Cuando nuestro jardín tiene una alta demanda de agua además debe lograr la extracción del agua del suelo. Por eso es importante la fuerza con la que el suelo retiene el agua y aumenta al disminuir la cantidad de agua retenida.

Necesidades hidricas de riego

Podemos considerar que además de las necesidades netas de agua de riego que son debidas a las necesidades de la planta y la evapotranspiración otras necesidades propias del entorno y del ambiente de nuestro jardín.

Estás necesidades pueden ser debidas a las pérdidas por escorrentía, a la percolacion, y a la lixiviación profunda.

Al sumar ambas necesidades obtenemos la necesidad de riego bruta.

Coeficiente de uniformidad de emisión

Es casi imposible proporcionar un riego de forma uniforme porque siempre habrá diferencias dentro de la superficie regada dentro de nuestro jardín. El motivo es muy variado: pendientes, diferencia de textura, diferencias de Solana y Umbría, diferentes especies vegetales,…

La bondad de la distribución del agua se mide con el coeficiente de uniformidad.

Para determinar este coeficiente consideramos el caudal medio del cuarto más bajo respecto al caudal medio de todos los focos emisores de agua.

 

Métodos basados en parámetros del suelo

La medida del volumen de agua en el suelo es muy conveniente para la programación del riego en el jardín.

La evaluación del contenido volumétrico de agua en el suelo se realizaba anteriormente empleando técnicas de reflectometría pero actualmente resulta poco operativa y muy cara.

Los sistemas de goteo y similares han restado importancia a las propiedades físicas del suelo, ya que técnicamente es posible regar con mayor frecuencia y con mayor precisión sobre el área objetivo.

Actualmente se emplean tensiómetros en los riegos localizados de alta frecuencia dentro del jardín.

Un tensiómetro mide la presión con la que el suelo retiene el agua. Esta tensión será mayor cuanto menor sea el contenido de agua en el interior del suelo y variará en función del tipo de suelo. La planta para absorber el agua del suelo debe vencer esa presión que estamos midiendo. Con los equipos que encontramos en el mercado está medida es asequible.

 

Métodos basados en parámetros de planta

 

Existen otros métodos muy sofisticados para la medición del riego. Estos se basan en las medidas del flujo de la savia, los diámetros del tallo y otros órganos de la planta, etcétera. Para el desarrollo de estas medidas se emplean una variada instrumentación como sensores de radiación infrarroja, y sensores redox.

Esta metodología en muchos casos se encuentra en fase experimental y es poco práctica para su aplicación en nuestros jardines.

La eficiencia de uso del agua

La creciente escasez del agua de riego para jardines implica un aumento en el interés de optimizar este recurso. 

Para el mantenimiento del jardín y todo el valor qué aporta es importante evitar alcanzar una situación de estrés que genera daños en ocasiones irreparables.

Ahora más que nunca es fundamental el empleo de riegos adecuados que disminuyan el déficit hídrico a nivel radicular y sean eficientes maximizando la fracción del agua que queda almacenada en el perfil del suelo y del que se abastece el sistema radicular.

En los últimos años el cambio de sistemas de riego tradicionales a sistemas de goteo ha generado un notable incremento en la eficiencia del uso del agua y en el esplendor de nuestros jardines. 

Para alcanzar una buena uniformidad de riego es imprescindible realizar un buen diseño del jardín e instalar un sistema de riego localizado.

 

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